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La educación y los roles del sexo como paradigmas

La mujer no nace, se hace. Frase histórica de Beauvoir, que cambió paradigmas hace mucho y aún ahora. La sociedad, las primeras personas que tienen contacto contigo, esas primeras ideas que forjan tus primeras ideas, tu primigenia cosmovisión del mundo. Luego, pasan los años, y demás factores modifican paulatinamente a veces todo. Hablo de cómo un ser humano se convierte en un individuo, más particularmente de cómo tanto un hombre y una mujer seres humanos que nacen biológicamente igual, al ser palmeados por un hombre en bata blanca con rezagos de agua roja, esgrimen un  grito que en este mundo es el inicio de una voz que los diferencia.  

La naturaleza nos diferencia, eso es bueno, que aburrido ser todos iguales, y así maravillosamente nos complementamos…corpóreamente distintos, emocionalmente diferentes, como todos. Pero qué aburrido cuando la rutina, la costumbre, esa  infamia de homogeneidad abraza a un ser humano y lo convierte en un producto de exportación al por mayor, y se inventan las leyendas que actualmente comienzan a destruirse, porque todo va cambiando, quizás por eso las nuevas corrientes y paradigmas del cambio, los conflictos y la adaptación del ser humano, si analizamos esto podemos inferir que un concepto clave es tiempo, ahora nadie camina rápido toma taxi, nadie se detiene en un restauran para comer un plato consistente busca un fast food, el hombre y la mujer trabajan, miles de cosas que hacer, salir del trabajo quizás pasar por el mall y comprar unas cuantas cosas para cocinar algo ligero porque hoy te toca y a ella le toca ir al spa con su mejor amiga.

 

En la actualidad, todo está cambiando. Los roles de antes no son los mismos. Mi abuela muy tradicional alguna vez le increpó a mi novia el porqué yo cocinaba, y  cuando se enteró que iríamos a vivir juntos mandó memorando a toda la familia e hizo una reunión familiar, esas las de antaño para condenarnos inquisidoramente ante toda la familia el irnos a vivir juntos sin habernos casado. Ella, Gabriela solo reía, nunca se fastidió por nada, hasta en plena reunión se animó a decir que de hijos no quería saber nada, ya que primero quería seguir trabajando, realizarse profesionalmente, viajar juntos por todo el mundo, emprender un negocio juntos, hacer deporte de aventura, tomar un cursillo de enología, entre otras cosas más. Abuela dio la sentencia de muerte: la condenó a miles de noches de sufrimiento por rezagar el fin primordial de la mujer, la procreación, el hecho más trascendente en la vida de una mujer, traer un ser humano a este mundo y enseñarle el mundo educándolo a ser un hombre fuerte, eso significaba realización humana, no las tonterías que decís, terminó diciendo. Mamà carcajeó solemnemente, sin embargo Gabriela solo sonrió suavemente, mientras con una dulce picardía me susurraba al oído que tenía unas ganas inmensas de procrear en ese mismo instante. Abuela la había convencido.

 

El primer día que nos mudamos, hizo un recuadro en un pizarrón blanco que ella me hizo comprar en una venta de garaje muy cerca de casa. Un recuadro muy grande en el cual puso todos los días y escribió “No vale repetir”. No entendía.  Después ella solo me dijo que no haríamos dos cosas iguales en un mismo día,  con excepción del principio fundamental de la procreación…..pero interrumpida.

 

Y así ha sido hasta ahora, tratando de renunciar a esa cultura de homogeneidad que se incrusta en nuestras vidas casi imperceptiblemente. Mañana por la noche ella prepara el menú, yo lavaré los platos y llevaré un buen vino ligero (porque ella siempre cocina ligero) mientras comienza la obra de la noche en estreno como todos los días.

 

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