Mi experiencia con las matemáticas
Cuando recuerdo esa palabra me produce cierto escozor la piel. Puede sonar gracioso o tal vez ilógico, pero es asÃ. Fue el curso que más deteste cuando estaba en la escuela. Aunque posteriormente me iba a servir para muchas cosas. Pero igual los recuerdos negativos aún quedan en mi mente. Siempre era la materia que reprobaba . Año tras año. No habÃa solución. Aún cuando me esforzara. La misma historia se repetÃa una y otra vez. Sacaba calificaciones bajÃsimas y mis padres siempre me reprendÃan por eso. Me castigaban y no podÃa salir por muchos dÃas. En sÃ, me sentÃa mal por el esfuerzo que habÃa realizado y sobretodo por, el pobre resultado que obtenÃa. A pesar que en vacaciones me matricularon en clases particulares, nunca pude mejorar mi nivel. Recién en los dos últimos años de secundaria pude mejorar mis notas. Los exámenes los aprobaba con calificaciones regulares y sentÃa una mejora considerable respecto a años anteriores. El problema en sÃ, radicaba en que nunca aprendà bien los conceptos básicos y elementales de esta disciplina conocida como matemática. Es más, me confundÃa con ciertas nociones que resultaban fundamentales para el progreso sistemático de la clase. Eso era cuando estaba en primaria. Casi siempre era el último del salón en este curso. En todos los demás, siempre sacaba notas aceptables y por que no decirlo. Notas buenas. Sin embargo, las queridas matemáticas siempre fueron la piedra en mi zapato. No obstante, ya en la secundaria, las notas no fueron tan malas. Pero seguÃan siendo bajas. El progreso que pude alcanzar fue por lo poco que aprendà en las clases de verano y en especial por el trabajo de un profesor que me enseñó en el primer año de la secundaria. Gracias a su apoyo pude mejorar mucho y sentirme seguro de lo que hacÃa a pesar de las notas bajas que lograba. Eso no fue impedimento para mà y seguà estudiando duro y parejo. Lastimosamente ese profesor se fue al concluir el año escolar y los problemas volvieron a resurgir los años siguientes. No obstante, en los dos últimos años, mejoré en gran medida. Para suerte mÃa, volvió a la escuela aquél profesor que tanto me ayudó a progresar. Con su ayuda, nuevamente eleve mis calificaciones y pude desenvolverme mucho mejor en el curso. Además, algunos compañeros de clase me ayudaban a resolver los ejercicios que no dejaban cada clase. Poco a poco, fui superando las dificultades que siempre habÃa tenido y pude alcanzar un nivel decoroso respecto a esta materia. En los meses finales del último año de secundaria, mi avance fue sorprendente. Tanto para mis compañeros de clase como para el propio profesor. El cambio comenzó a darse no solo por la colaboración que recibà sino porque empecé a estudiar en casa los diversos temas que nos enseñaban en la clase. Siempre me mostraba atento respecto a alguna cosa que no comprendÃa y al instante le consultaba primero a algún compañero y después al profesor. Cuando concluyó la secundaria, el nivel que habÃa alcanzado en el dominio de las matemáticas era muy bueno. Digo muy bueno para el nivel en el que me encontraba antes. Ahora, recuerdo esas épocas y la nostalgia me atrapa. Aunque, no puedo dejar de sentir esa sensación rara cada vez que escuchó la palabra matemática. Fueron más recuerdos negativos que positivos. Lo bueno fue que pude superar los problemas que tenÃa y no me rendà nunca ante las complicaciones que se me presentaron. El único consejo que le podrÃa dar a cualquier niño o joven que no domine las matemáticas, o en sÃ, cualquier tema en general, es que sea perseverante y no se rinda ante las dificultades que se puedan presentar en el camino. Tan solo eso. Si se lucha por conseguir lo que uno quiere, al final hay muchas posibilidades que se pueda lograr. Sino, habrá quedado como un grato recuerdo el intento que se realizó. Intento que llevé a cabo y que nunca me arrepentiré de haberlo hecho.
